lunes, 20 de enero de 2014

Tras la estela del Tejedor en Nueva York

Texto: Cristina M. Sacristán.


Hacía tiempo que quería ir a Nueva York a comprobar por qué los artistas que desarrollan allí sus carreras califican a la ciudad de los rascacielos de “ultraestimulante”. Se acercaba el décimo aniversario del 11-S y los fantasmas se estaban removiendo. Desde el punto de vista periodístico, pues, era un momento ideal para acercarme a saludar a mis contactos in situ, a observar las reacciones de la población, a desgastar la suela de mis deportivas y a sumergirme en paisajes de tortícolis.

Juanje Sanz ya andaba por allí. Siguiendo sus soñadores proyectos, se encontraba fotografiando la ciudad y removiendo versos en castellano en un entorno mayoritariamente anglófono. Todo un reto que fue más allá de sus propias expectativas, incluso de las expectativas de los antólogos de El Tejedor en Nueva York: el poemario fue una eclosión de imaginativas visiones de una urbe potente, interesante, a la vez que los poetas la desafiaban, algo descarados. Jugando con la mixtura de su condición, medio hispanos, medio estadounidenses. ¿Dónde empezaba y terminaba la nacionalidad de estos autores y autoras?

J. Jesús Sanz
Fotografía J. Jesús Sanz.
Por ejemplo, Patricia Pacheco es de origen alicantino y su pareja es caribeño. La vivencia de Nueva York resultaba curiosa, con ese trajín imparable, con el ruido y las alcantarillas humeantes… Todo un retrato fílmico y literario, ideal para inspirar a los escritores. Pero también una ciudad dura, adversa en invierno, con dificultades, con poco espacio para el débil… En esa ambivalencia se movían la puertorriqueña Karen Sevilla, el uruguayo Marcos Wasem, la vizcaína Isabel Cadenas, el colombiano Carlos Aguasaco… llenando de figuras retóricas sus textos algo bilingües. Neuyoriquen o niuyorican, llaman allí a esa mixtura de su lengua.

Una vez en NYC, y con ayuda de Juanje, pude comprobar cómo ciertas librerías sirven de nexo entre autores y bibliófilos castellanoparlantes. Ellos conforman casi un tercio de la población total de la ciudad de Nueva York, pero son conscientes de que su espacio lingüísticamente hablando está minimizado. Así que las personas interesadas en la escritura en castellano se agrupan, convocan jornadas poéticas, organizan actividades en la Universidad… Estos centros académicos también tienen mucho peso de cara a potenciar el castellano en la Gran Manzana: “Tal vez mi perspectiva sea sesgada, pues yo he estado en Nueva York estos ocho años siempre ligado a la vida universitaria. Pero, de un modo u otro, en todas las actividades literarias que se realizan en la ciudad suele haber una presencia importante de gente vinculada a la academia, ya sea de estudiantes o de docentes”, explica Marcos Wasem.

Marcos empezó a vivir en la ciudad que nunca duerme en 2005, proveniente de un máster en la Universidad Hebrea de Jerusalén y de una beca para un curso para jóvenes hispanistas en Santander. Especializado en literatura neobarroca en Argentina, ingresó en la City University, con una beca que le permitió dedicarse a investigar y a escribir a tiempo completo, terminando su primer poemario,  Aterrizaje de primeros semovientes. A través de Mercedes Roffé y del granadino Ernesto Estrella –actualmente en Berlín-, se fue introduciendo en “una comunidad de hispanohablantes bastante receptiva” y su trabajo con la electrónica en las performances ayudó a que “la comunicación poética se diera a un nivel que trascendiera las barreras del idioma”.

El escritor argentino y director del Hispanic New York Project de la Universidad de Columbia, Claudio Iván Remeseira, concluye que “la historia de la cultura en lengua española ha estado íntimamente ligada a esta ciudad desde sus orígenes, pero nunca como hasta ahora se había congregado aquí un número tan grande de narradores, poetas y ensayistas de todas las regiones de nuestro idioma común. Esta masa crítica es el humus de una renovación potencialmente tan importante como la que en su momento representaron el Modernismo o el Renacimiento italianizante que precedió al Siglo de Oro”. Con todo, “se está generalizando en la educación superior los trabajos escritos y las clases en español. Creo que, aparte del objetivo de afianzar la presencia del español en el mundo universitario, se corre el riesgo de crear un gueto lingüístico dentro de la universidad norteamericana”, puntualiza el experto.

“Para mí es muy importante que la actividad cultural hispana en general, y literaria en particular, gane espacios en la ciudad y se asegure visibilidad”, señala Wasem. “Una de las cosas que creo que hay que impedir es que la actividad de los escritores en español se transforme en un gueto, que no se comunique con lo que ocurre en el mundo anglosajón, dominante por razones obvias, pero con el que creo que se puede entablar un diálogos desde ciertas comunidades de intereses”.

Fotografía: J. Jesús Sanz
Sumario: “Hay que impedir que la actividad de los escritores en español se transforme en un gueto, que se comunique con lo que ocurre en el mundo anglosajón”(Marcos Wasem)


Soledad Marambio, nacida en Chile, venía del Periodismo y la no ficción, pero en Nueva York sintió que su sitio era la poesía, tras un taller en el que participó. Un “lugar donde la precisión del lenguaje y la plasticidad del mismo conviven armoniosamente. Me parece que en la poesía es más fácil sentir los quiebres, las honduras del lenguaje y de la lengua”. Y fue en la Gran Manzana donde empezó a “escuchar” el castellano, “a mirarlo desde fuera y, por lo tanto, a romper las estructuras más bien rígidas que tenía en la cabeza después de casi una década trabajando como periodista. La influencia del inglés fue lo que produjo esta especie de separación y de extrañamiento con mi lengua natal, que antes estaba demasiado pegada a los pensamientos, a la piel. Gracias al inglés –a escucharlo, a hablarlo, leerlo- que pude mirar al castellano como algo ubicado fuera de mí”.

Soledad (www.brutaseditoras.com) cree que escribir en castellano en NYC comulga con la ciudad a la vez que tiene algo de rebeldía, de una “segunda lengua, muy en desventaja ante la dominancia del inglés, con pocos medios culturales de difusión”. “Quienes escribimos en castellano acá leemos en inglés, enriquecemos nuestro castellano, nuestra escritura, con los sonidos, ritmos, quiebres de la convivencia con el inglés, pero hay poca gente, poquísima, que haga el camino inverso (como Junot Díaz, por ejemplo). Me pregunto si alguna vez esta ciudad será bilingüe… Bilingüe en el sentido de que existan políticas que promuevan, difundan y valoren el castellano por ser la lengua de la inmensa minoría, no sólo de esta ciudad ciudad sino que de Estados Unidos”.

Fotografía: J. Jesús Sanz
En el caso del caribeño Urayoán Noel, “creo que mi poética es más sobre el lenguaje y la ciudad (o los lenguajes y las ciudades) que sobre mi biografía. NuevaYork (sobre todo el Bronx y el alto Manhattan) ha calado hondo en mí y sigue calando, pero creo que mi ciudad es transnacional, imposible, una ciudad que se lleva en el cuerpo-- “llo diasporoso,” como le llamo en mi más reciente poemario. Es un collage, mayormente de Nueva York y San Juan, Puerto Rico, pero que se abre a San Francisco o Estambul o São Paulo o adonde me lleven mis viajes”. Urayoán se crió en San Juan “en un hogar bilingüe: mi padre es estadounidense de California y mi madre es puertorriqueña de la isla”, y, además, “siempre he vivido en barrios con una gran población latina”. De ahí que no escriba “en puro castellano; todos mis poemarios mezclan dos o más idiomas. Por una parte es muy sencillo: pienso en ambos, luego escribo en ambos. Por otra parte, veo mi poética como una alternativa crítica al paleo-nacionalismo del purismo monolingüe (for example, los Estados Unidos post-9/11, con su fuerte onda anti-inmigrante y sus constantes sospechas del que habla otra cosa)”.

Su primer poemario, “el libro-objeto Las flores del mall (2000), es mayormente sobre Puerto Rico pero tiene la irreverencia y el ruido y la ironía y el escarbar urbano de mis poemarios posteriores (me mudé a NYC en 1999). Lo cierto es que ahondar en Nueva York dio riendas a un espíritu cosmopolita. Por otra parte, me permitió entenderme de forma más compleja y autocrítica: los barrios puertorriqueños en Nueva York; la poesía, la música y el arte Nuyorican (desde salsa hasta performance y arte conceptual); los empates entre colonialismo y diáspora; el gentrification y la globalización; las subculturas y contraculturas queer; la presencia dominicana (tan fuerte y decisiva en San Juan y Nueva York); las contribuciones de l@s puertorriqueñ@s al hip-hop y sus afinidades con las comunidades afroamericanas en Harlem o el Bronx”, enumera un Noel del siglo XXI...


Fotografía: J. Jesús Sanz

Dónde está? Dónde has estado? Haz estado. Estado hoz. Sin mago. Agotado. Hago estado. Make state. Make statements. Meant to unseat powers. To unmic the static. Tol et loose yr. Loosy revolution on these streets, distritos, discrete ethos, secret us, secret estados, esta dosis by decree, the cry, desisting(Urayoán Noel, Hidden city)

Carlos Aguasaco señala que las librerías en español, por su parte, “funcionan como logias o guetos de apoyo mutuo”. Carlos enumera los “centros culturales alrededor de los que gravitan los escritores hispanohablantes. Entre las instituciones culturales, destaca La Casa de la Cultura Dominicana, el Instituto Cervantes, The Americas Society y La Nacional. “La Casa de la Cultura Dominicana organiza ferias del libro, tertulias y presentaciones. Allí muchos escritores comparten. Hasta el día de hoy no he visto allí ningún estudiante de la maestría en escritura creativa de NYU. En general, los escritores que allí asisten son personas en los 50s que ya habían publicado obras en su país de origen”.

“The Americas Society es el lugar más elegante de todos los que he mencionado. Tiene además la característica de integrar al público hispano y anglohablante. Los escritores que allí se presentan son los que más posibilidades tienen de ser aceptados por los circuitos literarios anglosajones de la ciudad y de los Estados Unidos en general”, puntualiza Carlos. “La Nacional es un centro cultural localizado en la calle 14, donde confluyen creadores. Ahora está en renovación, pero siempre es un espacio abierto a la vanguardia”.

Las librerías como McNally & Jackson, Revolution Books, La Casa Azul y el Barco de Papel habrían “desarrollado su propio público con estilos muy particulares. Por ejemplo, McNally Jackson parece el segundo hogar de los estudiantes del programa de escritura creativa en español en NYU, y de sus profesores. El trabajo de Javier Molea ha sido fundamental para una nueva generación de autores que han buscado en este programa y en esta librería el espacio para generar una nueva literatura. La Casa Azul se proyecta como un centro cultural innovador en el que se integra lo mejor del Hispanic Harlem, con tendencias de vanguardia tanto en el diseño como en la estructura corporativa de base. El Barco de Papel es la única librería que no está en Manhattan. Se localiza en el barrio hispano de Queens, conocido como Jackson Heights”.

Fotografía: J. Jesús Sanz

Wasem señala que WordUp y La casa azul “son las más nuevas, ambas en el alto Manhattan. La estrategia de ambas ha pasado por apostar a una fuerte inserción comunitaria en barrios donde existe una gran cantidad de hispanohablantes. WordUp en particular ha recabado apoyos para sus campañas en internet de figuras conocidas en el ámbito anglosajón, como es el caso de Junot Díaz, vecino de Washington Heights (…)”. De estas experiencias, añade el académico, “puede deducirse la fragilidad que presenta todo proyecto de librería en español en Nueva York en las condiciones actuales. La apuesta a este tipo de empresas puede parecer una quijotada, y en cierto modo lo es. La alianza con colectivos e instituciones, así como la percepción de que las redes informáticas pueden servir de aliadas a la circulación del libro, han sido clave en las estrategias de supervivencia de las librerías en español más nuevas”.

Urayoán Noel recuerda cómo su llegada a Nueva York “coincidió con la desaparición de tantas librerías independientes que son casi como un fantasma. Pasé largas horas rebuscando entre los libros usados en The Strand y sí fueron importantes para mí algunas como la antigua Librería Caliope en el más alto Manhattan. Por suerte en los últimos años han surgido nuevas librerías como McNally, Casa Azul (en El Barrio) y Word Up (en Washington Heights) que le han traído mucha energía a la movida y se han vuelto espacios esenciales para las comunidades literarias (latinas y no-latinas) en la ciudad”. Urayoán recuerda con cariño “el Nuyorican Poets Café, fue muy importante para mí. Allí vi por primera vez performances de Pedro Pietri, Edwin Torres y otros poetas/performers de la diáspora que me inspiraron (y me siguen inspirando) con su audacia, su espíritu renovador y su compromiso con una poética divertidad pero retante, no-monolingüe, articulada desde el cuerpo y en comunidad. También hubo otros centros culturales y espacios de performance como el Taller Boricua y El Taller Latino Americano”.

            Sí que las librerías tienen un gran peso a la hora de ligar los componentes de la escritura en castellano en la Gran Manzana. En el caso de Javier Molea, selecciona los libros en castellano en McNally & Jackson, en el Soho, un “lugar de referencia para los latinos que viven y escriben en Nueva York. En el mundo editorial ya en Uruguay, llegó a Nueva York a raíz de la crisis de 2002, y la editora canadiense Sara McNally le ofreció llevar adelante una sección nueva en su negocio incipiente. En el subsuelo de la librería, Molea estudia qué títulos ofrecer mientras ha desarrollado un Club del Libro y organiza encuentros entre residentes y visitantes, con coloquios con Enrique Vila-Matas, Antonio Muñoz Molina, Elvira Lindo… y edita con el sello Díaz Grey a narradores y poetas poco conocidos. Alabado por Muñoz Molina, Remeseira estima que “ha sabido construir un vínculo muy fuerte con algunas instituciones, en especial New York University”.

Fotografía: J. Jesús Sanz
            En cuanto a Barco de Papel, “Ramón y el grupo de Poetas en Nueva York han hecho de este espacio el único bastión de la literatura realmente periférica de la ciudad. El minúsculo local de la avenida Roosevelt se llena cada semana para celebrar las creaciones de poetas autodidactas y académicos comprometidos con la población hispana”, describe Carlos Aguasaco. Nicolás Linares forma parte del colectivo Poetas en NY y colabora estrechamente con Barco de Papel, así como con Latino Poetas con Café y otras iniciativas. Él ayuda a organizar lecturas de poetas visitantes en la ciudad, y Ramón “pone a mi disposición la librería para este fin. De esa manera muchos poetas visitantes en la ciudad me contactan para organizar lecturas de sus obras. De la misma manera que cuando un poeta local trae un nuevo libro procuro invitarlo para que la comunidad escuche y compre esos libros”, explica.

Linares organiza con Poetas en NY dos micrófonos abiertos anualmente en las instalaciones de la librería. “Vienen poetas de diferentísimas nacionalidades y terminamos armando una bacanal de palabras que en definitiva hacen un evento muy esperado y divertido, único en su tipo en la ciudad”, describe su promotor. Inasequible al desaliento, Nicolás organiza también la Maraton Cultural, que ha recorrido su sexta edición. En ella participan poetas, músicos, artistas gráficos y plásticos, en un ambiente festivo. En el otoño desarrollan su festival poético “Poetas en Nueva York” (www.poetasenny.blogspot.com), que ha atravesado su novena edición, con lecturas en universidades, librerías, bares y hasta estaciones de tren, y participación muy transnacional. Un tríptico poetoperformático ha sido incluido en 2013, “y ha tenido mucha acogida”.


Fotografía: J. Jesús Sanz

Me puse a escarbar un poco y me fui encontrando con este generoso ovillo… De tal modo que en diciembre la revista Qué leer me publicó 8 páginas sobre el castellano en Nueva York. Y en mi blog (infoeltintero.blogspot.com.es) podrán descubrir algunas curiosidades más sobre la escritura en castellano en Nueva York. Hasta en euskera hay un pequeño mundo allí… Por ejemplo, el King Juan Carlos Center de la New York University “ha sido el lugar por excelencia para los programas de poesía hispanoamericana, gracias al esfuerzo de la argentina Lila Zemborain”. Y están los cafés, como el Niuyoricans Poets Café, Cornelia y Terraza 7. Ahora falta saber por dónde irán los derroteros del castellano en Nueva York, y en EE.UU. “¿Dónde es fácil vivir de la escritura?”, pregunta Soledad Marambio. “Pensar que el español se va a imponer sobre el inglés en EE.UU. es como pensar que el catalán y el gallego van a desplazar al castellano en España”, escenifica Claudio Iván Remeseira, quien observa que el e-book y las revistas on line “son la plataforma del nuevo salto cualitativo de la literatura en español. Un proceso que ya se está dando”. En su nutrida web podemos encontrar algunos ejemplos.  (www.hispanicny.com)

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