martes, 30 de junio de 2015

Todo está sucediendo ahora: por Julio Carrasco


Si las cosas no fueran metáfora de algo, creo que al hablar de
“anillo” cuando se refieren al rectángulo con las esquinas cortadas con que representan el recorrido del S-Bahn, los berlineses no ofrecerían la versión germana de un círculo. Al subir al tren cualquier pasajero puede experimentarlo, incluso con su bicicleta a cuestas. De quedarse dormido, sólo conseguirá alargar la ruta, puesto que tras retornar inexorablemente al punto de partida, repetirá el camino y alcanzará, aun a pesar suyo, la meta que se ha propuesto. Y mientras más pienso en la naturaleza giratoria de la S-Bahn, menos puedo evitar recordar la lectura de un análisis de las fugas del Clavecín bien temperado de S-Bach (creo que de Adorno, aunque no podría asegurarlo), que ponía atención en el efecto mareador que tenían las vueltas sobre un mismo tema en distintas tonalidades. Esta forma sencilla, funcional y elegante de relacionarse con la ciudad no dejará nunca de sorprender a los salvajes reflexivos que somos los viajeros sudamericanos. Tal vez la ausencia del Norte como referencia en el sistema ferroviario (pensamos) sea fruto de una meticulosa planificación. Este es reemplazado por Gesundbrunnen, o según el traductor de Google, “Fuentes de salud”. Acaso sea cierta la declaración de Huidobro de que los cuatro puntos cardinales son en realidad tres. En mi opinión, el reemplazo del Norte en el “anillo” de la S-Bahn excluye la posibilidad de que su sistema de orientación sea bidimensional y sugiere además un eje de coordenadas con una dimensión adicional a las de largo (Westkreuz), altura (Ostkreuz) y profundidad (Südkreuz): la dimensión del tiempo, que dicho sea de paso, también es circular de acuerdo al consenso general de nuestros días.

Este es un libro de viajes, pero sobre todo de un viaje que no ha terminado y en el que la ciudad misma es tomada como vehículo de transporte, desplazándose a la velocidad a la que el óxido se derrite. Sólo después de alcanzar cierta familiaridad con ella, el pasajero/lector estará en condiciones de orientarse. En los hechos, el pasado y el presente, el individuo y el colectivo se confunden. Todo está sucediendo ahora: una familia emigra desde Italia a Buenos Aires, Hamburgo es destruida, una gota de lluvia se desliza en la curvatura del oído. En esta bitácora no hay rastros / son acaso recuerdos que las más de las veces entregan información sobre acontecimientos que, ya recientes o remotos, siguen en curso. Cobra sentido entonces que la cuarta dimensión del eje de coordenadas, vale decir las “Fuentes de salud”, sea aquella en la que transcurre realmente el viaje. Así, las nociones espaciales son deliberadamente ignoradas; da lo mismo si los eventos se desarrollan en Berlín, Italia, Santiago o Buenos Aires, todos ellos cobran importancia por la manera en que han sido incorporados al brumoso presente, y en virtud de ello no es ilógico que una tela de araña, tejida durante días de ritual y arte, desaparezca sin explicación, terminando en la misma categoría que una estrella: ambas pueden extinguirse de repente. Dicho en el lugar apropiado el episodio sería una metáfora iluminadora de algo. Pero si este libro ha sido escrito es porque las cosas siempre son metáfora de algo.
Julio Carrasco

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